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Amplificación Biológica o Bioacumulación

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A través del consumo de alimentos, los diversos organismos satisfacen su constante necesidad de energía. Sin embargo, la pobre transferencia energética desde un nivel trófico a otro obliga a los consumidores a alimentarse de numerosas presas o de gran cantidad de biomasa. Bajo condiciones naturales, esto no tiene ninguna consecuencia negativa para los organismos consumidores; sin embargo, para aquellos que se alimentan en sistemas agropecuarios y se ven afectados por el uso de pesticidas, plaguicidas u otros químicos tóxicos, esto puede ocasionar graves problemas a su salud y, por lo tanto, a la salud de todo el ecosistema.


Bioacumuladores
El fenómeno de la amplificación biológica o bioacumulación es el proceso por el cual los organismos que viven en un medio que presenta una relativamente baja concentración de alguna sustancia química, llegan a acumularla en sus tejidos vegetales o animales, debido a que no pueden metabolizarla, y luego, cuando este organismo es parte de la dieta de otro, aumenta la posibilidad de que se acumule en los otros componentes de las cadenas tróficas. Como los depredadores necesitan gran cantidad de presas, las concentraciones de estos contaminantes son crecientes a medida que se avanza en el nivel trófico que ocupan en la trama alimentaria.

Desde hace varias décadas, el ser humano ha utilizado diversos compuestos químicos como plaguicidas. Estas sustancias son utilizadas para matar, repeler, regular o interrumpir el crecimiento de seres vivos que son considerados plagas, incluyendo insectos y hierbas, entre otros, y que pueden destruir los sembradíos y propagar enfermedades. En un principio, los plaguicidas fueron recomendados por sus excelentes propiedades en el control de plagas agrícolas e incluso por erradicar de algunas áreas tropicales al mosquito transmisor del paludismo, una enfermedad tropical que puede causar la muerte.

Sin embargo, muchos plaguicidas resultan tóxicos para el medioambiente, pues presentan dos características que los hacen muy peligrosos: estas sustancias no son biodegradables, es decir, no pueden ser degradadas por los organismos descomponed ores y se acumulan en el ambiente, sobre todo en el suelo y en el agua. Además, son sustancias solubles en grasas pero no en agua; por lo tanto, se acumulan en la grasa del cuerpo de los animales y no pueden ser eliminados por la orina.

El uso de plaguicidas es la solución a muchos de los problemas que enfrentan los agricultores para responder a las necesidades alimentarias de la población. No obstante, la eliminación de insectos considerados como plagas agrícolas ha alterado la estructura de las tramas tróficas del lugar y, cada vez que un plaguicida es aplicado sobre una plantación, ya sea para eliminar plagas de insectos o malezas perjudiciales, una parte de este es depositado en el suelo, desde donde es absorbido por las plantas a través de las raíces. Como estos compuestos químicos no pueden ser eliminados por la planta, pequeñas cantidades son almacenadas en sus tejidos y otra porción importante es arrastrada por las aguas de regadío o por la lluvia hacia los ríos y lagos cercanos, donde se acumula y es absorbido por el fitoplancton y el zooplancton.

Cuando los herbívoros se alimentan de estas plantas, estos consumidores incorporan no solo la materia orgánica que los alimenta, sino también el plaguicida, que ahora es acumulado en el cuerpo del animal. Como la transferencia de energía entre un nivel trófico y otro no es completamente eficiente, los herbívoros deben comer grandes cantidades de biomasa vegetal y posteriormente los carnívoros deben consumir aún mayores cantidades de biomasa animal para satisfacer sus necesidades de alimentación. De esta forma, las sustancias químicas alcanzan concentraciones mucho más elevadas en la grasa del cuerpo de los animales que en el medioambiente y así se acumula plaguicida en todos los niveles de una trama alimentaria. Como los organismos que ocupan niveles tróficos altos generalmente viven más tiempo, a lo largo de su vida pueden acumular un gran número de sustancias dañinas.


Dependiendo del tipo de sustancia química, la acumulación se puede producir en fuentes abióticas: suelo, aire yagua, o depositarse sobre el exoesqueleto de los insectos o el pelaje o las plumas de los restantes animales; o en fuentes bióticas: otros organismos vivos, durante la alimentación. Aquellos organismos que absorben del ambiente determinadas sustancias, como metales pesados, compuestos químicos tóxicos, contaminantes o elementos radiactivos, y las almacenan en el interior de sus propios tejidos sin poder eliminarlas mediante procesos metabólicos, son conocidos como organismos bioacumuladores.
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