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Renovación y reparación de tejidos

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Algunos tipos celulares presentan la capacidad de renovar la población celular del tejido que conforman. En estos tejidos, existe una reserva o grupo de células denominadas células madre, que han quedado desde el desarrollo embrionario, lo que permite, en cierta medida, recrear en el adulto lo que ocurrió en el embrión, cuando se diferenciaron y aparecieron por primera vez estos tipos celulares. Estos tejidos deben renovar su población celular respectiva pues constantemente van perdiendo células diferenciadas.


Un ejemplo de lo anterior se produce en la médula ósea, donde se encuentran las células madre hematopoyéticas pluripotenciales, que darán origen a las líneas hematopoyéticas mieloide y linfoide.

A partir de la línea mieloide se originan los eritrocitos o glóbulos rojos de la sangre. Ya que los eritrocitos, debido a un proceso de envejecimiento, son retirados de la circulación cada 120 días por el bazo. Los eritrocitos que son eliminados deben necesariamente ser remplazados por un número equivalente de eritrocitos nuevos.

A partir de la línea linfoide se diferencia un tipo celular llamado osteoclasto, que se activa y secreta enzimas que degradan el hueso mineralizado, proceso denominado resorción ósea. Así, nuevos pre-osteoblastos deben formarse y desplazarse hacia las zonas de resorción ósea para transformarse en nuevos osteoblastos que regeneran el hueso degradado por los osteoclastos. De esta manera, se mantiene un balance constante entre el hueso absorbido por el osteoclasto y el formado por el osteoblasto.

La piel es otro tejido que requiere renovarse constantemente. Los queratinocitos son células que se diferencian en la piel y se van perdiendo por descamación, desde las capas más superficiales de la epidermis, que se produce por el desgaste de la superficie de esta. Los queratinocitos necesitan alrededor de cuatro semanas para pasar desde la capa basal de la epidermis, donde se originan, hasta llegar a la descamación. Existiendo así un equilibrio entre regeneración y pérdida celular.


Cuando un hueso sufre alguna fractura o se produce una lesión o herida en la piel, el tejido puede ser reparado gracias a las células madre. No obstante, la capacidad de regeneración es limitada, por lo que no se pueden realizar grandes reparaciones y es recomendable el cuidado del tejido. Por ejemplo, en el caso de quemaduras profundas, se mueren las células madre en la región de la lesión, en este caso, es necesario un injerto de piel para recuperarlas. Asimismo, es importante recordar que no todos los tejidos presentan esta capacidad de renovación y/o reparación.
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