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La importancia de la Mitosis en organismos eucariontes

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La mitosis corresponde a la división del núcleo celular, lo que implica distribución equitativa del material genético en las células hijas. Este mecanismo es clave en la reproducción celular ya que permite que otros procesos biológicos se lleven a cabo, como el desarrollo, el crecimiento, y la reparación y renovación de tejidos.


Nuestro organismo está formado por billones de células, todas ellas originadas a partir del cigoto. La reproducción celular ocurre a una tasa muy alta durante el desarrollo de los individuos, especialmente durante la etapa embrionaria, cuando las células derivadas del cigoto empiezan a diferenciarse, dando origen a los diversos tipos de células que existen en el organismo adulto. En consecuencia, junto con la reproducción celular tiene lugar la diferenciación celular, en la que el material genético, común a todas las células de un individuo gracias a la replicación y la mitosis, expresa de manera diferente los miles de genes contenidos en el genoma. Esta expresión diferencial de genes responde a los diversos estímulos moleculares que las células reciben en distintos tejidos y órganos.

Por otra parte, la reproducción celular posibilita el crecimiento de los organismos pluricelulares, proceso que implica proliferación de células de manera controlada. Por ejemplo, el crecimiento humano se debe a la expresión de diferentes genes que estimulan la mitosis y, por tanto, la reproducción de las células.

Diariamente nuestro cuerpo pierde, por diversos motivos, un gran número de células. Por ejemplo, hay algunas que tienen un tiempo de vida limitado, como los glóbulos rojos que duran 120 días, aproximadamente. Asimismo, en ciertos tejidos, como la piel y el revestimiento de algunos órganos, se pierden muchas células producto del roce y cuando se produce una herida muchas se dañan y posteriormente mueren. En todos estos casos, la proliferación celular permite restablecer las células perdidas, posibilitando la renovación celular y la reparación de tejidos. Por ejemplo, las células del hígado normalmente no se dividen; sin embargo, si una porción de este órgano es removida, las células comienzan de inmediato a dividirse y el hígado crece hasta alcanzar su forma y tamaño normales. Esto último hace posible que este órgano pueda ser trasplantado desde un donante vivo. Se estima que en el cuerpo humano se realizan entre 2 a 3 millones de divisiones celulares, que permiten renovar así las células y tejidos.

La velocidad de reproducción celular en los diferentes tejidos debe ser la adecuada para que se generen células para el crecimiento de los organismos y la renovación de los tejidos. Si un tipo celular se reproduce a una tasa mayor a la necesaria, se producen cúmulos de células en un órgano, denominados tumores. La formación de tumores puede ser el primer evento de varios que podrían originar un cáncer. En esta enfermedad, las células se dividen con mayor frecuencia y comienzan a invadir otros tejidos y órganos, produciendo alteraciones en diversos sistemas. Es por esto que el cáncer no tratado es letal en una alta proporción de los casos.

El desajuste en la tasa de proliferación celular se debe a la modificación de diversos genes responsables de la delicada tarea de regular el ciclo celular. Un grupo de estos son los genes supresores de tumores, y su efecto es frenar la tasa de reproducción celular. Cuando estos genes sufren ciertas mutaciones, se pierde parte importante del sistema de regulación del ciclo celular. Otro grupo de genes son los protooncogenes, que cumplen diversas funciones en las células y que frente a determinadas mutaciones se sobreactivan y aumentan la tasa de proliferación celular, pasando a denominarse oncogenes. Finalmente, el ciclo celular puede salir de control debido a la acción de algunos virus, como algunos tipos de papilomas, que producen proteínas que actúan sobre algunos reguladores del ciclo, por ejemplo, inhibiendo proteínas codificadoras por los genes supresores de tumores.

El control del ciclo celular puede perderse debido a una o unas pocas mutaciones en genes que participan en la regulación del ciclo celular; no obstante, para que un tumor dé origen a un cáncer, se deben producir otras mutaciones, entre ellas, las que le otorguen a las células la capacidad de migrar desde el tumor hacia otros tejidos. De esta manera se puede explicar la recurrencia en algunas familias a ciertos tipos de cáncer, debido a que en ellas existen y se heredan algunas de las diversas mutaciones necesarias para que se produzca esa patología; por tanto, los individuos pertenecientes a dichas familias no heredan directamente el cáncer, pero sí están más predispuestos a desarrollar la enfermedad. Además, existen factores de riesgo ambientales, como el tabaco, la radiación ultravioleta, diferentes compuestos químicos y tipos de dietas poco sanas.

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